El día que todo cambió
Todo empezó un día de hace 9 años. Volvía de trabajar en Lavalle y Florida, microcentro porteño, arriba del colectivo 70. El bondi iba repleto de gente, ya era de noche, hacía frío y yo arrastraba el cansancio típico de la rutina de oficina. Venía masticando la bronca de un despido injusto meses atrás (¡donde admito que lloré, hice un escándalo y hasta le pegué una patada a un puff de la recepción de la empresa!).
Aunque ya estaba trabajando en Galerías Jardín, la espina seguía ahí. Pero a la altura de Constitución, algo hizo un click en mi cabeza. Empecé a decir que "no" con la cabeza, sola, entre la multitud:
"No quiero más esto. No soy feliz. No quiero trabajar más para alguien que un día se levanta y decide meterte una patada en el culo".
Al día siguiente llegué a la oficina, agradecí y renuncié. Agarré la indemnización de aquel primer despido, compré mis dos primeras máquinas y, en un rincón de la casa familiar, nació Sublivacs. El empujón que dolió al principio se convirtió en nuestra mayor bendición.
🤫 ¿Por qué hablo en "nosotros" si trabajo sola?
¡Hola! Soy Sol, la cara detrás de Sublivacs. Es verdad, muchas veces nos refugiamos en el plural porque socialmente parece que una estructura grande da más respaldo, pero en estos años descubrí que el verdadero VALOR de mi trabajo es, justamente, ser una sola persona.
Soy la que diseña, la que maneja las máquinas, la que recorre proveedores, la que arma los paquetes, la que atiende el WhatsApp, la community manager y la que limpia el taller.
Atrás de cada producto está mi ojo, mi responsabilidad y mi corazón. No tercerizo la calidad de tu pedido. El "nosotros" engloba mis máquinas, mis ganas y mi compromiso total con tu proyecto. Comprarle a Sublivacs es comprar trato directo, sin intermediarios ni sorpresas.
🤝 Tu aliado estratégico: Nos especializamos en vos
Hoy nos ves consolidándonos día a día junto a grandes marcas y empresas, pero este proyecto no nació en un escritorio cómodo ni con un fondo de inversión. Nació de la necesidad de libertad, de la autogestión y de las ganas de dejar de trabajar para el sueño de otro.
Por eso, me dedico a estar en cada detalle y a acompañar con el corazón a los que abren su negocio por primera vez. No es casualidad que el 80% de mis clientes sean emprendedores: sé exactamente lo que se siente empezar de abajo. Mi trabajo es leer tu idea, mejorarla, y convertirme en un puente para compartir y difundir tu negocio. Si vos crecés, crecemos todos.